← Volver a Artículos

Artículos

Por qué imaginar tu deseo en el futuro lo mantiene lejos

21 de octubre de 2026 · Federico A. Assum

Hay un error muy común entre quienes empiezan a trabajar con la imaginación: visualizan su deseo como algo que va a pasar. "Algún día voy a tener mi casa." "Pronto voy a recibir esa noticia." Parece positivo, y sin embargo mantiene el deseo siempre a la misma distancia.

Cada emoción es una orden

Piensa en tu mente como en una computadora que ejecuta comandos. Cada emoción que sostienes es una orden. Cuando sientes "yo nunca tengo suerte", tu mente lo toma como una instrucción y la cumple.

Por eso conviene distinguir dos verbos que se parecen: querer y creer. La vida responde a lo que crees, mucho más que a lo que quieres. Puedes querer algo con todas tus fuerzas y, al mismo tiempo, creer que no es para ti. Gana la creencia.

El problema del "algún día"

Cuando imaginas tu deseo en el futuro, el mensaje de fondo es: "esto todavía no existe". Y tu mente responde, obediente: "correcto, todavía no existe". Mañana sigue sin existir. Y pasado también. El "algún día" siempre queda un paso adelante.

Lo que imaginas en el futuro se queda en el futuro. Lo que sientes ahora empieza a ser real.

La propuesta es traer el deseo al presente. Sentirlo como algo que está ocurriendo en este mismo instante, en tu cuerpo de ahora, con tu respiración de ahora.

Tu cuerpo no distingue

Haz una prueba simple: imagina que muerdes un limón. Probablemente ya sentiste algo en la boca. Imagina que subes una escalera larga, y quizá notes un cambio en la respiración.

Tu cuerpo reacciona a lo imaginado como si fuera real. Eso significa que la imaginación es un lugar de entrenamiento: ahí ensayas la nueva realidad hasta que tu cuerpo la siente como verdadera. Y lo que tu cuerpo siente como verdadero, tarde o temprano aparece afuera.

Ubica tu código actual

Antes de instalar algo nuevo, ayuda reconocer lo que vienes repitiendo. Piensa en un miedo que te acompaña hace años, un "no puedo" o un "no soy suficiente". ¿Dónde lo sientes? ¿En la garganta, en el pecho, en el estómago?

Esa sensación es el código que te mantiene en la misma realidad. Reconocerlo ya es empezar a soltarlo. Fíjate también que esos miedos suelen ser los mismos de hace años, apenas disfrazados con otras excusas.

Asumir

Todo esto se resume en una palabra: asumir. Asumir que ya eres lo que deseas. Asumir que ya ocurrió. Cuanto más simple suena, más cuesta aceptarlo, porque la mente busca algo más complicado.

Pregúntate qué estás asumiendo durante el día sin darte cuenta: ¿que la vida es dura, que no alcanza, que nadie te entiende? ¿O que todo se acomoda, que la abundancia te rodea? Eso que asumes, en silencio, es lo que estás creando.

Y cuando cambias lo que asumes, es como pasar a otro carril. El viejo sigue existiendo, pero tú ya no vas por ahí. El secreto es no volver a sintonizar el canal de antes.

Ya estás manifestando en cada momento. La pregunta es qué le estás pidiendo a la vida que te responda: ¿a tu miedo o a tu certeza?

Compartir

Comentarios