Enseñanzas
Tus problemas y tus deseos están hechos de la misma sustancia
Hay una idea que, cuando la entiendes de verdad, te cambia la forma de ver tu vida entera: tus problemas y tus deseos están hechos de la misma sustancia. Nacen de la misma masa madre. Lo único que cambia es la forma en que se presentan ante tus ojos.
Todo es pasajero
Los problemas tienen una característica que solemos olvidar: son temporales. Pueden durar mucho o poco, pero pasan. Por eso decimos que son pasajeros.
Tus logros también. Ese viaje soñado llega, lo vives y luego vuelves a casa. Lo alcanzaste y siguió su curso. Problemas y logros comparten esa naturaleza pasajera.
La sustancia común
¿De qué están hechos? De tu frecuencia vibratoria. No puedes verla, pero sí puedes sentirla: tus emociones son el mejor indicador de dónde estás vibrando.
La metáfora del colectivo
Imagina que eres el chofer de un colectivo. Tu recorrido determina qué pasajeros suben.
Si todos los días haces el mismo recorrido por las zonas más complicadas de la ciudad, van a subir pasajeros complicados: gente que molesta, que ensucia, que te arruina el día. Y van a quedarse todo el viaje, porque nunca cambias de ruta.
Si quieres que suban otros pasajeros, de nada sirve pelearte con los que ya están arriba. Lo que tienes que hacer es cambiar el recorrido.
Tus pasajeros dependen de tu recorrido. Tu recorrido es tu estado interior.
Los problemas son esos pasajeros indeseables que suben porque pasaste por ahí. Tus deseos cumplidos son los pasajeros que suben cuando tu ruta atraviesa otros barrios: los barrios de la calma, la gratitud, la confianza, el disfrute.
No importa por qué estás ahí
Mucha gente gasta años preguntándose por qué su recorrido pasa por donde pasa. Puede servir entenderlo, y aun así lo que transforma tu vida es decidir hoy por dónde vas a manejar.
Cuando cambias tu estado de ánimo de forma sostenida, cambias de barrio. Los pasajeros viejos se van bajando solos, porque ya no pasas por su parada, y empiezan a subir otros.
Bajarle el peso a los problemas
Entender esto alivia muchísimo. Un problema deja de ser una condena y se convierte en un pasajero que, como todos, en algún momento se baja. Ya no tienes que resolverlo a la fuerza. Tienes que cambiar de ruta.
Los pasajeros cambian cuando cambia el recorrido. Y el volante lo tienes tú.
Sigue tu camino
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